Raúl González González

  • “Mira... para que ocurra lo que todo el mundo está esperando en Cuba hay que dejarse de la complicidad con la dictadura, porque hay muchos cómplices fuera en el exilio apoyando a la tiranía castrista. Cientos de represores y chivatos han emigrado de este barrio en búsqueda de libertades, buscando asilo político y el gobierno estadounidense se lo ha otorgado. Son hijos de las familias de represores. Inclusive la hija de una señora que me atacó a mí está actualmente viviendo en EE. UU. Esta complicidad de las familias que hay en el exterior... ellos mandan remesas y plata para aliviar a estos represores cada día. Estos represores nunca van a salir a manifestarse, porque están recibiendo del mismo exilio cubano todas estas remesas y el pueblo está sumido en miseria. Son los tipos que se dedican después a chivatear a quienes no estamos de acuerdo con el gobierno que nos está matando de hambre y miseria. Es por eso que nunca vamos a ser libres... por la complicidad que tenemos desde el mismo exilio cubano. Muchos emigrados están reclamando al presidente Donald Trump que les otorgue asilo político y no salen a Washington a manifestarse por los presos políticos que están muriendo en las cárceles castristas, por aquellos que salieron el 11 de julio de 2021, para que ellos y sus familias fueran libres. No he visto a uno que salga para una manifestación. Están reclamando asilo en Estados Unidos para poder seguir alimentando a la tiranía castrista.”

  • “Mi situación empezó a agravarse cuando salí de la prisión. Comencé de nuevo con un taller pequeño de electrónica y empecé a trabajar. Venían todos los tipos de personas – policías, gente que trabajaba para el gobierno, toda la gente. Y no es por nada. Me gané la fama del mejor de la electrónica. Todo el mundo me buscaba, porque a todo el mundo le gustaba como yo trabajaba. A mí me gustaba trabajar con la electrónica, me desarrollaba bastante y fui avanzando. Primero empecé con las radios rusos y los televisores gringos. Después cuando empezaron a entrar los reproductores de carros de casetes fui avanzando con la tecnología hasta que empezaron a entrar los reproductores de discos. Fui estudiando más o menos como trabajaban y empecé a reparar los reproductores de carros. A raíz de esto me visitaban policías, gente de gobierno... de todos los lugares... inclusive gente que venía del campo con equipos electrónicos de carros. A raíz de esto vi y noté corrupción en todas estas filas del MININT. Cómo hablaban y se proyectaban en el taller. Entonces fui acumulando cosas y empecé a hacer una investigación. Como consecuencia condenaron a mi esposa a una condena de ocho años de privación de libertad por el delito de proxenetismo y trata de personas que en aquellos tiempos, según ellos habían informado en la televisión y en la radio, en Cuba no existía. Pero mi esposa fue condenada por trata de personas.”

  • “Bueno, mira... en el año 1990 yo me encontraba preso. Me condenaron por varias causas a cinco años de prisión. Después del colapso del bloque soviético, la alimentación cayó por el piso. Empezaron a dar el agua del plátano. La gente se comía la cáscara del plátano en la prisión. Las paredes de las celdas se pintan del blanco. Los prisioneros raspaban con una cuchilla la cal de la pared y la preparaban con el agua y se lo tomaban... la gente se caía en los pasillos del hambre y la miseria. Con las enfermedades se abrieron espacios debajo de las prisiones para los enfermos. Hubo varios muertos por tuberculosis. Al ver esto empecé a realizar protestas. Mi mamá cuando se enteró fue a protestar en la delegación. Después empezaron a aparecer en la prisión con las bolsas de sacos de leche en polvo. Lo daban a los reclusos, porque estaban tan desnutridos que se caían del hambre. Estaban asesinando a las personas. Y no lo sabía nadie porque no había internet. No había posibilidad de denunciarlo ante el mundo.”

  • Full recordings
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    Cuba, 01.01.2025

    (audio)
    duration: 01:45:43
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Si los cubanos no se unen a la lucha, la dictadura nos va a matar de hambre

Raúl González González nació en Cienfuegos en una familia cuyos miembros tenían que enfrentarse con las consecuencias del cambio de régimen desde el mismo establecimiento de las autoridades revolucionarias. Sus abuelos tuvieron que aceptar la confiscación de los bienes que desde hace mucho tiempo utilizaban para sus negocios privados. De esta manera perdieron por ejemplo los carritos con los cuales habían circulado por el campo para vender helado. Como consecuencia de la persecución, la familia adoptó una actitud adversaria frente al nuevo gobierno de Fidel Castro. Los padres de Raúl tuvieron en total tres hijos. Ambos trabajaban en una guardería, donde el padre de Raúl ayudaba con el mantenimiento y la madre ayudaba en la cocina. Las dificultades económicas resultaron en una escasez permanente que los padres intentaban solucionar por ejemplo con la venda ocasional de tamales en las calles de la ciudad. El mismo Raúl dejó de asistir a las clases cuando tenía más o menos trece o catorce años. Desde entonces se dedicaba a las reparaciones de aparatos electrónicos, como radios y televisores. Con el tiempo iba ampliando sus conocimientos en el área, lo que llevó a fundación de un pequeño taller a donde venían buscar su ayuda personas de toda la comunidad. Así, Raúl entraba en contacto también con varios funcionarios gubernamentales y observaba el nivel de corrupción que imperaba sobre las instituciones estatales. Cuando empezó a manifestarse públicamente contra el abuso del poder, su mujer fue acusada de proxenetismo. Raúl se puso a investigar sobre las prácticas y vinculaciones de las autoridades con este fenómeno social, lo que resultó en amenazas y hostigamientos constantes. Durante los próximos años fue detenido y encarcelado varias veces, sufriendo en las celdas tapiadas y de tortura, hasta que su estado de salud se deterioró tanto que sufrió un ataque cardíaco.