“El tema de la mujer hoy en día es un tema bastante, bastante serio. Mira, la mujer se ha visto privada de muchos de sus derechos. Cuando hablamos de la mujer cubana hablamos de por lo menos si lo vemos nosotros. Un balbante de la sociedad que se ha visto relevada a un segundo plan, o qué te digo el segundo plan. La mujer hoy en día carece, como te decía ahorita, carece de una menstruación linda, una menopausia asistida, sufre de violencia obstetra, discriminación racial, discriminación laboral. No tiene cómo tener una higiene y un cuidado. Se ve afectada por una voluntad política en cero con el tema de la violencia de género que sufre, que hoy se está viendo gracias a las redes sociales y a los periodistas independientes, que se está viendo en cifras alarmantes hoy en día. Porque te digo, mira, la mujer ya deja de pensar en su cuidado personal porque tiene otras cosas que priorizar: la alimentación, los productos que le hacen falta para los niños, los productos que hacen falta para los ancianos que tienen en su cuidado, los productos que hacen falta en una casa para mantener una higiene. Ya que en lo que es en las calles, existe una higiene precaria, no existe higiene, o sea, no existe. Hoy se está padeciendo a muchos virus gracias a la poca higiene que existe en el país entero.”
“Vamos a hablar del tema de feminicidios, de feminicidios en Cuba. Empezamos por que yo me incorporo a lo que es esto de Alianza cubana por la inclusión el 20 de septiembre del 2019. Comentando con otra mujer este mismo tema de que, las mujeres no tenemos cómo asistirnos cuando estamos en el período de la menstruación. No se puede hablar en un lugar público del tema de la menstruación, porque eso se ve como un tabú. Todavía hoy en día se ve como un tabú y esto es una cosa y un proceso normal de la mujer. Y se tiene que decir, pero por qué se ve como un talud. Porque vivimos en una sociedad patriarcal, machista, desde nuestros ancestros. Entonces la mujer hablar de la menstruación donde hubiese un hombre era una cosa de que no era bien vista. Pero nosotras sentimos la necesidad de que había que hablarlo. ¿Por qué? Porque la mujer se está viendo afectada en sus procesos, porque no hay productos, no tenemos productos. Existe una almohadilla sanitaria. Inclusive hasta un ministro se dio, era aquello de decir en un medio de difusión nacional: el tema de las almohadillas sanitarias se va a resolver, pero las mujeres tienen que tener paciencia. O sea, que nosotras, las mujeres, teníamos que decir a este proceso: mira, mira, hay que decir, oye, tienes que esperarte y aguantarte porque por ahora no hay almohadilla. Pero bueno, la habrá, según dice el Ministro, que la habrá. Yo creo que es esto, es una cosa bien seria. La mujer en este proceso tiene que ir al mercado informal a buscar su almohadilla sanitaria, pero ¿a qué precio? A un precio exuberante. Ahí hablamos de la expectación que tenemos con la impresión con la economía. Un paquete de almohadilla sanitaria que trae diez o doce almohadillas sanitarias te puede costar 300, 500 pesos. Entonces son 500 pesos que tú dejas de comprar la merienda de tu niño, si tienes niños. Dejas de comprar la merienda de tu niño de uno o dos días, no más. No más, pues con un refresco te cuesta 250 pesos o 150 cuando más baratos los compras, o los refresquitos esos de popitos que cuestan 35, 40 y hasta 70 pesos. El pan, que hoy un pan te cuesta 40, 60, 80, 120 o 200 pesos. O sea, dejas de comprar la merienda de un día para comprarte doce almohadillas sanitarias, que lo que te va a durar serán dos o tres días según la calidad de la almohadilla, según la marca de la almohadilla. ¿Por qué? Porque este producto que debe venir a la farmacia se pasa dos, tres, cuatro meses, seis meses y no viene.”
“Mira, en esa época muchas madres sufrían la pérdida de sus hijos. Muchas madres decían: ¿por qué? O sea, no te comunicaban, porque sobre todo se llevaban hasta muchachos de servicio. No te comunicaban que tu hijo iba a participar en la guerra de Nicaragua. No te comunicaban de antemano que a tu hijo se lo llevaban para la guerra de Angola, no, o sea. No te daba participación ninguna. A los padres no se les daba participación hasta tanto el hijo no estuviera allá montado en el barco. Muchos se enteraban cuando ya su hijo estaba allí, o sea que era que les llegaba el aviso de que su hijo estaba en Angola, de que su hijo estaba en Nicaragua. Y esto, y las madres, los padres se quedaban así, decían: Pero bueno, ¿cuándo, cómo?, ¿en qué momento sucedió? Ya tenían que aceptarlo, ya los padres no podían hacer otra cosa. Por otra parte, no teníamos Internet, no teníamos el conocimiento que hoy tiene la población. Hubo una época en que se puso Universidad para todos, que esto se quitó cuando el Gobierno se dio cuenta que la población estaba adquiriendo una educación que a ellos no les convenía, porque la población estaba entendiendo cuáles eran sus derechos y de qué forma exigirlos. Y entonces esto al Gobierno no le cuadró mucho y quitaron Universidad para todos. En esa época no existía el conocimiento de que, si tú no quieres ir, no tienes porqué ir. Y yo como padre tengo el derecho de saber dónde está mi hijo. Si mi hijo está en el servicio militar y está, yo lo hago por poner un ejemplo, en Matanzas, y mi hijo se va a trasladar de Matanzas a la región Oriental, tiene que haber una comunicación entre la unidad y padre, para que esos padres sepan. Yo, fíjate, no es que tú le digas va a estar en una unidad tal porque se sabe que eso no se hace, pero sí por lo menos que tú lo vas a trasladar de provincia. Y en esa época no existía, o sea, te decían, llegaban y te decían, porque a muchos de mis compañeros se lo hicieron: recoge que te vas, tú tienes que estar, vamos, que te vamos a vacunar. Porque me iba a pusieron más vacunas, y te vas dentro de dos horas, el avión sale dentro de dos horas, pero bueno, mis padres ¿cómo le cómo les digo de eso? Nos encargamos nosotros. Era todo lo que teníamos por responder. Yo, gracias a Dios no participé en nada de eso, me pusieron las vacunas, pero hasta ahí llegué, porque yo sí me iba a negar en todo momento y no iba a ir. O sea, ellos sabían. Y de hecho me lo pusieron el expediente de que yo cuando vi que me pusieron las vacunas y para qué era la vacuna, dije: Perdón, yo no voy a ninguna parte.”
“Posterior a eso, viene lo del congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Y me dicen que yo no podía decir lo que yo acostumbraba a expresar, las necesidades, los obstáculos, la falta de… o sea, la opinión de los estudiantes. Y ellos me decían que yo no podía hacer eso. Yo tenía única y despreciadamente que decir lo que se me autorizaba y lo que se me decía que tenía que decir. Me negué a participar en ese congreso. Eso me trajo consecuencias. Y en una asamblea en el teatro de la CTC nacional me hicieron una amonestación pública por dicha negación a participar en el congreso. Yo estaba sentada en la segunda o tercera fila y pedí la palabra. Dije que si esto era una amonestación pública por negarme a participar en un congreso donde yo debía decir realmente la opinión, el estado de opinión y las dificultades que presentaban los estudiantes y la escuela, entonces yo no quería ser más militante. Yo sentía y pensaba que era lo que me habían enseñado mis padres, que siempre había que decir la verdad. Y esto era, lo que yo me veía haciendo – no mintiendo ni tapando el sol con un dedo. Y ahí me dijeron que eso no era así. Yo tengo un criterio de que, a partir de este momento, yo no acepto la amonestación pública y dejo de ser militante. Reconozco que fue un exabrupto mío bastante feo, porque lancé el carné hacia el estrado. Ya nunca más creí en nada de lo que la revolución respecta y comencé a hacer mis criterios y mi convicción por las historias vividas.”
Zelandia de la Caridad Pérez Abreu, nacida el 23 de junio de 1964 en La Habana, Cuba, creció en la capital en un entorno familiar inicialmente identificado con el proceso revolucionario: su madre formó parte del Movimiento 26 de Julio y participó en labores comunitarias tras el triunfo de la Revolución, mientras que su padre fue un trabajador integrado. Durante su infancia y adolescencia fue una estudiante destacada, pionera y posteriormente miembro del PPI y de la UJC, organización de la que se desvinculó tras negarse a repetir discursos oficiales, rechazar la censura de opiniones estudiantiles y oponerse a exigencias ideológicas que afectaban las creencias religiosas de su familia, decisión que culminó en una amonestación pública y su renuncia como militante. Tras concluir la secundaria, estudió técnico en laboratorio clínico en la Escuela de Docencias Médicas Carlos J. Finlay, realizando prácticas en centros de salud de La Habana; durante esta etapa expresó su rechazo a la obligatoriedad de participar en la guerra de Nicaragua como parte del llamado internacionalista, negándose a aceptar el envío pese a las presiones institucionales, postura que quedó registrada en su expediente, y posteriormente su título fue invalidado. Más adelante se formó como peluquera, secretaria/oficinista y auxiliar pedagógica de círculos infantiles, y trabajó como secretaria docente en una institución dedicada a la atención de niños con problemáticas de conducta e integración social, hasta que en 1993, en pleno Período Especial, decidió abandonar ese empleo debido a presiones relacionadas con su pensamiento crítico. Desde el 20 de septiembre de 2019 integra la Alianza Cubana por la Inclusión, donde trabaja temas vinculados a los derechos de las mujeres, y desde 2017 dirige la Comisión Cubana de Defensa Electoral y Constitucional, centrada en el acompañamiento ciudadano, el monitoreo de los procesos electorales, la gestión del gobierno local y la documentación de violaciones constitucionales y de derechos humanos en Cuba. En 2017–2018 fue propuesta por vecinos de su comunidad como candidata a delegada de circunscripción, proceso que fue impedido mediante acciones policiales que incluyeron su traslado y retención para evitar su nominación. Su activismo se ha enfocado especialmente en la defensa de los derechos de las mujeres, la denuncia de la violencia de género, la exigencia de que el feminicidio sea tipificado como delito y la promoción de refugios para mujeres víctimas de violencia, ámbito en el que recibió capacitación internacional, entre otros países, en Colombia, y en el que continúa trabajando como activista cívica y feminista en Cuba.