María Elena Mir Marrero

* 1962

  • “Yo estaba en mi casa cuando me tocaron la puerta. Yo no sabía, no conocía; me enseñaron un carnet y me dijeron: ‘Usted está detenida, sígame’. Afuera había un carro y yo los seguí. Nunca me había pasado, aunque me había relacionado con personas a las que sí les había sucedido. Yo pensé: ‘Esta gente me viene a buscar’, me sacaron y me llevaron para la unidad de policía de aquí de Guanabo. Allí me sentaron en una cosa que tienen adentro, como para preso pero grande. Me sentaron ahí, cerraron la puerta con un candado, unas rejas, y me dejaron allí; lo que hicieron afuera no lo sé. Después me sacaron de las rejas donde estaba, me pusieron una venda en los ojos y me montaron en un carro. Ese carro empezó a dar vueltas y vueltas; yo iba con los ojos vendados, no sabía. El carro paró, sentí que me bajaban. Sentí una puerta que se abre, unas escaleritas para arriba, se abre otra puerta y me sientan; la casa era de tabla. Ya sentada en una silla, me quitaron la venda y vi delante de mí una mesa y dos o tres personas que después te das cuenta que son oficiales de la seguridad. Empezó el interrogatorio y las amenazas, que te quito la partida de potestad de tu hijo, que no puede ser, que esto, que lo otro. Me brindaban comida, pero yo siempre tuve la osadía de decir ‘me moriré de hambre' y no probé nada: ni agua, ni comida, absolutamente nada, ni tan siquiera los cigarros que estaban ahí. No te puedo decir si estuve dos horas, tres horas, no sé qué tiempo estuve allí, porque todo era con esas personas, en forma de amedrentarte, hostigarte, echarte un miedo no creíble de parte de ellos hacia mí. Y si te digo algo, te digo que a partir de ese momento se afianzó más mi convicción de que yo no estaba en un camino equivocado. Quizás si el verbo hubiese sido distinto, quizás si la manera de proyectarse no hubiese sido de tanta fuerza; quizás, pero ahí entendí. En ese mismo momento, sentada, entendí que soy una gente muy de carácter, muy rebelde. Entendí que si esto te molesta es porque te duele, y si te duele es porque yo estoy correcta. Y a partir de ese momento mi convicción fue más firme. Estuvimos ahí adentro, dos, tres, cuatro horas, no sé. Me volvieron a cerrar mis ojitos, me montaron en el carro y me dejaron en una zona que era para atrás. Hay un lugar que se llama Barrera, como una curva, oscuro, oscuro. Abrieron el carro, me quitaron la venda de los ojos y me dejaron ahí parada, sin un medio, sin nada. Cuando me vi allí no sabía dónde estaba; me ubiqué mirando hacia la claridad que tenía al frente. Siempre dije: ‘El norte, tengo que ir para el norte obligado’, porque había una claridad muy grande. Cuando salí me di cuenta que pasaba una guagua. Hablé con el chofer —en aquel momento la guagua valía 40 centavos— y le dije: ‘No tengo dinero, pero me hace falta llegar a Guanabo’, y ya llegué a mi casa. Desde el momento en que abrí la puerta de mi casa, mi hijo estaba regado; mi mamá lo había recogido; todo el mundo estaba preocupado, nadie sabía dónde yo estaba. Y desde ese momento dije: las cosas les salieron mal, no me convencieron. Es decir: si di este paso y estoy aquí es porque lo creo, porque lo siento, porque mi convicción va a ir; y si algún día me demuestran lo contrario, quizás cambie, pero hasta el momento, hasta la fecha, no ha pasado. No creo que pase, porque la vida, los problemas que hemos pasado, las situaciones que hemos afrontado, te siguen dando la convicción de que estás en el camino correcto, de que no estás equivocada, de que las libertades con las que nacemos están tronchadas aquí dentro de Cuba y que si nosotros no alzamos la voz, ¿quién la va a alzar?, ¿quién lo va a gritar?, ¿quién lo va a decir?, ¿quién va a defender a este pueblo? Entonces aquí me mantengo.”

  • “Lo que te puedo decir de esta fecha es que marcó mi vida. Como becados nos llevaron a La Plaza de la Revolución en guaguas y allí nos soltaron. Yo regresé a mi escuela sin zapatos, corbata y sentido a las dos y media de la mañana. Nunca más en mi vida asistí en La Plaza de la Revolución. Pocos años atrás empecé mi carrera de maestra a tan solo once años. Nos marcó tanto porque realmente fue un desastre. Un día entero sin alimentarnos. Como una vaquería que se suelta allí. Y marcó mi vida de tal manera que en mi vida volví a pisar la Plaza de la Revolución.”

  • “Estabas estudiando y en el curso tenías quince días o un mes… no recuerdo la fecha… todo el mundo tenía que participar. Limpiábamos surcos, recogíamos café bajo unas mosquiteras ahogados de calor, ensartábamos hojas de tabaco, horrible también. Limpiábamos surcos de yuca y boniato larguísimos. // Hay tantas cosas que te marcan en la beca que es increíble. Primero la separación familiar. Los niños no estaban acostumbrados a esto. La alimentación… la mínima asistencia médica sí existía en comparación con el día de hoy. Sin embargo, lo más importante es que los muchachos sufrieron la separación de la familia. Los domingos salíamos cargados con todos los alimentos que eran fáciles de conseguir en aquella época. Había que enfrentarse a la ideología que imponían. Esto chocaba mucho. Salías del sexto grado de la escuela, donde decías ‘Pioneros por el comunismo, seremos como el Che’, pero allí era totalmente diferente. La insistencia a que fueras militante de la Juventud Comunista, la participación en actos políticos con los que a veces no estabas de acuerdo. Son cosas que iban marcando la vida de todos. Todo eso produce un cambio de personalidad. Yo fui criada por mis abuelos nada a favor de este proceso. Mis ideas no iban en camino con lo que iba el proceso. Siempre me enseñaban lo que era el ser independiente, el poder expresarte, el poder creer en ti mismo. Todos estos valores los veías tronchados allí. Había que cumplir con conceptos diferentes y seguir con el adoctrinamiento.”

  • “Empezabas con unos 148 pesos. Según los años de estadía y la evaluación que te hacían te subían el salario a 171 y a 192 pesos. En aquel momento el salario te alcanzaba. Los precios eran muy bajos con relación con los precios de ahora. O sea no sé si te alcanzaba o yo tenía una familia muy preocupada, nos enviaban alimentos y ropa. Sin embargo, haciendo una comparación del salario de 148 pesos en los años setenta y 3000 pesos del salario actual sí se podía vivir. Aunque no vivías en lujo, podías cubrir las necesidades básicas. // Con cinco pesos salías a la pizzería de Guanabo y te comprabas una pizza de jamón y chorizo que costaba 1,60 pesos. Una malta costaba 40 centavos. Luego ibas a la cremería y te comprabas un vaso con cinco bolas de helado grandes que valía 1,50 pesos. Y cuando salíamos, nos sentábamos para comer una pechuga de pollo con papas fritas y un refresco por 2 pesos. Unos cinco pesos eran suficiente para poder comprar todo eso. Hoy en día una libra de arroz vale 350 pesos y un paquete de pollo 2 500 pesos. Si ganas 3 000 pesos, ¿cómo vas a mantener una familia? Es triste. Y las MIPIMES y vendedores particulares que también están a un precio exuberante, no da. No da el salario con los productos.”

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    Cuba, 01.01.2025

    (audio)
    duration: 01:37:31
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“Todos saben que a los maestros les gusta hablar alto”

María Elena Mir Marrero, 2025
María Elena Mir Marrero, 2025
photo: Post Bellum

María Elena Mir Marrero nació el 16 de enero de 1962 en Guanabo, ciudad playera cerca de La Habana. Sus padres que tuvieron en total tres hijas eran de origen campesino. Mientras que el papá no podía trabajar debido a una herida que había sufrido, la madre de María trabajaba en la sanidad pública. La economía del hogar fue apoyada por abuelos paternos, ya que el abuelo trabajaba en turismo y podía permitirse abastecer a su primera nieta con todos los alimentos y juguetes que ella deseaba. La infancia feliz fue interrumpida a tan solo once años, cuando la joven muchacha decidió que quería estudiar para ser maestra. Había que mudarse a la ciudad de Batanabó situada en la costa sur a varias horas de viaje de Guanabo. María vivía en la residencia de estudiantes, sufriendo bastante a causa de la separación de su familia. Ya durante el primer año tenía que participar también en las escuelas del campo en la provincia de Pinar del Río donde los muchachos ayudaban con los trabajos en la agricultura. El segundo año de los estudios pudo regresar a Guanabo, porque se abrió la Escuela Formadora de Maestros José Martí en Cojímar. Los estudios culminaron con el llamado servicio social, lo que en el caso de María significaba varios años en el campo de la provincia de Holguín, donde aproximadamente a sus 15 años enseñaba a los adultos. Sin obtener el permiso de las autoridades decidió volver a Guanabo y trabajó como maestra hasta el año 1984. Desde siempre era una persona rebelde, se oponía de manera natural contra la opresión e injusticia. Su manera de expresarse delante sus vecinos y el público llevó a encuentros con varios protagonistas del movimiento opositor cubano, lo que se tradujo en su involucramiento en varias organizaciones. Participó por ejemplo en la preparación de documentos escritos para promover el Concilio Cubano y se desempeñó como líder de los sindicatos independientes centrándose sobre todo en la educación de los trabajadores en lo que se refiere a sus derechos. Tuvo la oportunidad de visitar varios países europeos y ver cómo es la vida en una sociedad libre. Con el motivo de alcanzar lo mismo para todos los cubanos sigue trabajando en la concienciación de la población a través de la educación.