Juan Antonio Villar Garrote

* 1943

  • “En todos momentos todo el que estuvo en las UMAP, el tiempo que estuvo se llevó o tiene la impresión de que fuimos tratados como personas repudiadas por la sociedad. Es lo que ellos querían alimentar en cada uno de nosotros.”

  • “(Las autoridades cubanas) se demoraron un año y me llegó la salida. Y fue una salida que llegué del trabajo, del Ministerio de la Construcción, como a las seis y pico de la tarde y mi madre, que en paz descanse, me dijo: ‘Te llegó un telegrama que tienes que presentarte el pasado mañana y el jueves ya te vas del país,’ como así fue. - (Su madre estuvo triste?) – La cuestión era que nueve años atrás era una salida breve, porque al igual que había ocurrido con Playa Girón o los misiles, podía suceder otra cosa rápidamente. El Gobierno vendría abajo, se terminaría, y las familias podrían entrar y salir. Ya al pasar casi nueve años, yo creo que se miran las cosas de otro punto de vista. Ya es ida, y vamos a ver cuándo nos volvamos a ver.”

  • “A los primeros días que yo llegué (a las UMAP) había un muchacho que era de la provincia de Matanzas, de la capital de la provincia. Aquel muchacho parecía un esqueleto caminante. Un sargento que era del grupo de aquella nave decía que eso era cobardía, que eso era hombre nada formado etc. Casi se caía. Lo llevaban al campo para servir agua si alguien necesitaba, como un aguatero, como decían ellos. No podía trabajar, es que no se mantenía. Y a las dos semanas se lo llevaron para un hospital. Supimos de él que había fallecido en el hospital, porque tenía una leucemia fulminante.”

  • “En octubre de 1962 fue cuando vino la crisis de octubre, de los famosos misiles. Allí el 24 de octubre yo tenía vuelo para salir de Cuba ya. Y el 22 fue la noche cuando el presidente de los Estados Unidos, que en paz descanse, J. F. Kennedy, habló que en Cuba había instalación de los cohetes y por lo tanto se suspendieron los vuelos completamente. Casi a los ocho meses, en 1963, mi familia que estaba fuera con mucho sacrificio nos envió dinero para que pudiéramos salir, pero por España, mi madre, una tía y yo. No tenía hermanos, soy único hijo. Entonces presenté por España, pero al pasar de los meses no llegaba la salida y uno andaba a ver cómo iba el proceso. Y decían: ‘Si deja casa, tiene salida inmediatamente.’ Bueno, si yo dejo la casa, me darán la salida. Pero entonces los que quedan en la casa que eran tres personas mayores, irán a dormir al parque, no? Porque a dónde iban a venir? Y eran épocas en que todo estaba nacionalizado y ellos estaban llevando todo al régimen socialista.”

  • Full recordings
  • 1

    Miami, USA, 09.06.2021

    (audio)
    duration: 01:06:26
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Se puede perdonar, pero no olvidar

Juan Antonio Villar Garrote, 2021
Juan Antonio Villar Garrote, 2021
photo: Post Bellum

Juan Antonio Villar Garrote nació el 17 de agosto de 1943 en Cárdenas, una ciudad pequeña situada a unos 150 kilómetros de La Habana. Estudió en la Escuela Profesional del Comercio y en marzo de 1959 empezó a trabajar en un almacén de víveres. Al principio, el triunfo de la Revolución Cubana significó para él sobre todo un gran alivio. Todo indicaba que los tiempos llenos del terror omnipresente causado por los enfrentamientos de diversos grupos en la isla se acabaron. Sin embargo, poco a poco se iba dando cuenta de que los cambios que habían anunciado los líderes revolucionarios no eran exactamente lo que estaba ocurriendo. Entendió que Fidel Castro se iba inclinando al régimen comunista y decidió emigrar. No obstante, sus intentos de irse no se volvieron realidad durante muchos años. En una de las ocasiones se negó a cambiar su casa donde habitaban personas mayores por el permiso de salida. En 1965 no pudo emigrar por el puerto Camarioca debido a que sólo tenía 22 años y la salida se permitía a mayores de 27 años. Siendo católico practicante que permanentemente intentaba salir de Cuba por cualquier vía fue llamado en 1966 a entrar a los campos de trabajo forzado conocidos bajo el nombre de las Unidades de Ayuda Militar a la Producción. Allí pasó casi un año. Fue testigo de colapsos de personas que no podían aguantar el trabajo duro e inclusivamente se murieron. Cuando terminaron los campos de trabajo fue directamente a la Embajada suiza para pedir el permiso para poder emigrar a Estados Unidos, a donde llegó al principio de los años 70. Desde entonces vive en Miami.