The following text is not a historical study. It is a retelling of the witness’s life story based on the memories recorded in the interview. The story was processed by external collaborators of the Memory of Nations. In some cases, the short biography draws on documents made available by the Security Forces Archives, State District Archives, National Archives, or other institutions. These are used merely to complement the witness’s testimony. The referenced pages of such files are saved in the Documents section.

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Armando Valladares (* 1937)

Tuve suerte... me sentenciaron a treinta años de prisión. La segunda opción era la pena de muerte

  • nació el 30 de mayo de 1937.

  • en 1959 se hizo empleado en la administración estatal cubana.

  • en 1960 fue detenido por el régimen cubano.

  • en diciembre de 1960 fue condenado a treinta años de prisión por terrorismo.

  • en octubre de 1961 intentó sin éxito fugarse de la prisión de La Cabaña.

  • durante veintidós años en prisión realizó varias huelgas de hambre a manera de protesta contra el régimen.

  • después de la huelga de hambre más larga que hizo estuvo cinco años en silla de ruedas. Fue entonces cuando empezó a escribir poemas.

  • en 1982 salió de la cárcel y se fue a París.

  • en 1985 se convirtió en embajador ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

  • en 2009 culminó su carrera política.

Me llamaron terrorista”

Armando nació en una familia de clase media y, al igual que la mayoría de los cubanos, creyó en Fidel Castro y en los cambios sociales que había prometido. Pronto, sin embargo, todos se dieron cuenta de que la política castrista resultó estar muy lejos de la libertad. A menudo, Armando se expresó en contra del régimen a pesar de que era funcionario del Ministerio de Comunicaciones. Pronto fue calificado de conspirador y fue condenado a treinta años de prisión en diciembre de 1960. Aunque durante el interrogatorio le acotaron que no tenían pruebas en su contra le dijeron que estaban convencidos de que era un enemigo peligroso del régimen quien además había estudiado en una escuela católica y que, por lo tanto, lo condenarían.

El juicio fue muy poco convencional. El juez se sentó como en la sala de estar de su casa, leyó cómics durante el juicio y por momentos compartió su entretenimiento con el jurado, perturbando así el procedimiento judicial. Armando reconoce haber tenido suerte porque tenía sólo dos opciones: una sentencia de treinta años de prisión o la pena de muerte. Su primera experiencia en la cárcel fue una dura colisión. Recuerda que se despertó a causa de los gritos de los prisioneros que estaban siendo golpeados,  también recuerda haber escuchado disparos; y ante la impresión de ver a prisioneros maltratados y heridos Armando dice que las rodillas se le aflojaban y se le cortaba la respiración. 

Un intento de fuga y varias huelgas de hambre

En octubre de 1961 Armando y varios presos intentaron escapar de la prisión con la ayuda de uno de los guardias. Aunque todo parecía estar bien planificado el escape falló. Cerca de la prisión 20 000 soldados buscaron a los prisioneros fugitivos, a quienes finalmente encontraron después de tres días. Armando se rompió la pierna mientras escapaba y cuenta que uno de los guardias le saltó sobre la pierna rota para causarle más dolor. El tribunal no solo añadió otros diez años de prisión por intento de fuga, sino que envió a los prisioneros a un año de cárcel en celdas aseguradas por puertas eléctricas y de condiciones absolutamente inhumanas. No eran más que un espacio sucio y mohoso en el suelo, con un baño, olor a excrementos y sin agua. La alimentación consistía en pasta, pan y harina. Dichas condiciones causaron que algunos prisioneros se enfermaran de ictericia y que otros sufrieran inflamaciones en la piel. En respuesta, los prisioneros decidieron hacer huelga de hambre, pero Armando sintió que estaba a punto de morir después de dos día de huelga. Recuerda cómo perdía fuerza a tal punto de sólo poder acostarse en la cama, ir al baño, beber agua y meditar. La segunda huelga de hambre duró casi veinte días, la siguiente 43 y la huelga de hambre más larga duró 46 días. Después de esta última, Armando quedó cinco años en silla de ruedas.

La última huelga de hambre fue una protesta contra uno de los esfuerzos del gobierno por deshacerse de los prisioneros, incitándolos a firmar la llamada ‘rehabilitación política’. Al firmar esta rehabilitación, los prisioneros admitían que se habían equivocado en el pasado, que lamentaban sus actos y que el régimen estaba en lo correcto. Luego eran liberados y reintegrados a la sociedad, pero el régimen generalmente se aseguraba de romper los lazos familiares, laborales y de amistad de los presos. Después de la huelga, muchos fueron trasladados al hospital para recibir tratamiento y terapia, pero algunos de ellos sufren secuelas hasta ahora. A Armando también le ofrecieron la rehabilitación política con el propósito de liberarlo después de 48 horas, pero se negó. “Si firmara este documento nunca más podría mirarme en el espejo. Ni siquiera podría mirar a los ojos de mis hijos porque el que está equivocado es usted, no yo”, así se dirigió Armando a una de las autoridades en la cárcel.

Los trabajos forzados

Otro de los proyectos del gobierno cubano era el trabajo forzado que consiste en un trabajo de fuerza en el campo. Cuenta Armando que con frecuencia se escuchaba de los guardias que los prisioneros habían perdido la vida o que se habían lesionado durante la jornada. No obstante, la lesión no era un obstáculo para trabajar, puesto que no importaba si alguien tenía el brazo roto o tenía fiebre. El médico de la prisión evaluaba si el preso podía trabajar o no y bajo cierta presión siempre hacían que el preso trabajara.

Armando cumplió con el trabajo forzado en una prisión en la Isla de Pinos. Trabajó con otros 4000 prisioneros durante un año y cuatro meses todos los días. Recuerda, entre otras cosas, a un joven que un día se despertó con fiebre alta a quien el médico le dio dos opciones: ir a trabajar o cortarse uno de los dedos. El joven desesperado eligió la segunda opción y el médico lo llamó tonto. 

Experimentos de la cárcel de Boniatico

La cárcel de Boniatico fue otro capítulo desafiante para Armando. Allí estuvo encerrado en una celda sin luz dos años. Los médicos (checos, búlgaros y cubanos) iban a las celdas todos los días y les preguntaban a los prisioneros cómo estaban y cómo se sentían. Sólo se les daba de comer pasta hervida, pan y harina. Al cabo de un tiempo, todos estaban desnutridos y enfermos, sufrían de hinchazón en las piernas, manos y dedos. Después de que algunos de los prisioneros enfermos terminaran en el hospital, descubrieron que todo eso era un experimento ya que en el hospital los médicos medían la cantidad de orina que producían durante el tratamiento. De los cuarenta prisioneros que fueron sometidos a este experimento, dos murieron. Desde entonces, los comunistas dieron fin a tales procedimientos, asegurando una mejor dieta para los prisioneros.

La resistencia espiritual de Armando 

A pesar de todos los horrores que Armando vivió en las cárceles, nunca optó por la rehabilitación política y nunca dejó de creer que esto terminaría alguna vez. Cuenta que en los peores momentos en la cárcel cerraba los ojos e imaginaba las cosas que le faltaban: luz, cielo, sol y aire; y que también le ayudó la educación religiosa que había recibido.

Armando decidió usar el tiempo en la cárcel de manera significativa y fue así como comenzó a escribir poemas. Al convertirse en un hombre libre, comenzó a escribir sus memorias, recopilándolas en un libro que publicó y que tuvo gran éxito. Armando afirma que mientras que estuvo preso igualmente vivía con libertad, sin sentirse esclavo y que siempre trataba de decir lo que quería, resistiendo y defendiendo sus derechos como ser humano.

Si se le pregunta a Armando cuál fue su peor momento en la vida, él diría que la muerte de sus amigos en la cárcel. La fe siempre lo ha ayudado a superar los tiempos difíciles. Nunca dejó de creer que estaba abogando por los valores correctos. Por otra parte, recibió un gran apoyo de Marta, la mujer con quien se casó en París después de su liberación.

Por fin libre

El Gobierno francés comenzó a esforzarse por liberar a Armando después de aquella huelga de hambre que lo dejó en silla de ruedas. Fue visitado varias veces por el embajador de Francia en Cuba y las negociaciones del Gobierno francés resultaron exitosas y Armando fue, por fin, un hombre libre después de veintidós años. La condición fue que volaría directamente a París y Armando aceptó a cambio de que se le permitiera a su familia volar con él.

Al llegar a París, Armando fue invitado a varias conferencias de prensa en las que describió todas las prácticas del régimen y las violaciones de los derechos humanos de los presos en Cuba. Se reunió con varios representantes de la ONU y también fue a Washington para hablar abiertamente sobre el régimen de Castro. En 1985 se convirtió en el Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y Cuba fue incluida en la lista de las naciones con más violaciones de derechos humanos.

Armando está seguro de que Cuba será algún día un país libre.

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