Maritza Lugo

* 1963

  • “Una hermana mía, cuando yo estaba en la celda, cuando yo estaba terminando, fue a verme y nunca más pudo ir a prisión a verme, porque me vio tan mal... Imagínense diez días sin bañarme, sin peinarme, sin comer y en el estado en que yo estaba... Solo me sacaba la Seguridad del Estado. La Seguridad del Estado sí hace con uno allí lo que ellos quieren. Les dicen a las guardias: ‘Abran las rejas’ y te abren las rejas y me sacaban de allí a un cuartico chiquito y me empezaban a decir cosas: ‘Mira tus hijas, mira por tu culpa, si tú nos hubieras entendido, tus hijas no estuvieran solas, tus hijas no estuvieran por allí, tú eres la culpable de que tus hijas...’ Porque eso fue algo en que ellos trabajaron mucho toda la vida. Hasta el punto que hoy en día mis hijas no quieren saber de Cuba, mis hijas están malísimas de los nervios, las dos. A ellas les costó trabajo ahora de adultas entender por qué razón yo hacía aquello, porque ellas no lo entendían, porque la Seguridad del Estado les trabajaba mucho psicológicamente. Les hacían entender que yo estaba presa porque yo quería, no porque yo quería estar con ellas. Porque les decían: ‘Mira si tu mamá hubiera sido una persona mejor, hubiera estado con ustedes...’ que eligió estar presa antes de estar con ustedes, para que mis hijas también me odiaran y me repudiaran.”

  • “La vida allí (en la celda de castigo) es insoportable por muchas más razones. Allí no solo estaba yo, hay más celda de castigo, es como un pabellón, tú oyes las presas que están, nunca ves a nadie pero oyes. Hay muchas de ellas que les dan ataques, que gritan... Había una muchacha que nunca he podido borrar su nombre de mi mente, que se llamaba... no sé qué fue de ella finalmente y de esto hace muchos años ya... se llamaba Solange López. Esa muchacha entró allí en la prisión, según me cuentan después, por jineterismo. Son las muchachas jóvenes que se ponen a vender su cuerpo, lo que sea por dinero, aún hayan estudiado lo que hayan estudiado... Ella va a la prisión, pero se complicó dentro de la prisión porque le robaron las mismas presas y ella se defendió... bueno, fue a parar a la celda de castigo. Esa muchacha se volvió completamente loca. Hasta el punto en que le quitaron la ropa, porque constantemente intentaba contra su vida, intentaba matarse. Se partía los brazos contra las rejas, la tenían encuerada, empelota, porque se defecaba completa, no se peinaba, no se bañaba, ya estaba completamente ida... no tenía razón ya. Y era todo el día gritando y gritando. Las guardias iban, cuando ya estaba muy alterada, que le daban ataques, iban y le daban golpes en vez de darle atención médica.”

  • “Estas celdas de castigo son lugares infernales dentro de la prisión. Son lugares que solamente te pueden condenar a diez días, como máximo creo que tres meses o algo así, porque son lugares insoportables. De allí no es fácil salir. Y cuando a una persona la llevan allí varias veces, allí terminan locas, atentan contra sus vidas y todo, porque es insoportable. Las celdas de castigo son muy pequeñas, son como de un metro de ancho, aun así hay una cama que es de concreto sin nada, es una mesa de concreto, para ir a hacer tus necesidades hay un hueco que le dicen el turco, que es un hueco donde tu pueden hacer tus necesidades, allí mismo está el tubo del agua. Para bañarte te ponen el agua, cuando ellos quieren, unos minutos, puedes tomar agua de allí, todo hacerlo allí... Si hay frío, tienes que pasar frío horrible, si hay calor, calor horrible.”

  • “Bueno, Rafael fue condenado a 20 años de prisión y yo me quedé sola con mis dos hijas. A pesar de todo lo que yo estaba pasando, de todo lo que me hizo el Gobierno, porque no solo detuvieron a Rafael, sino que nos quitaron todo lo que teníamos en la casa, los animales que yo tenía. Nos hicieron un decomiso. Los animales que alimentaban a mis hijas, la chiva que les daba leche a mis hijas, todo nos lo quitaron. Decían que eso era enriquecimiento ilegal, causas que ellos inventan como siempre.”

  • “En Cuba se vive con una ignorancia tan grande de lo que es la democracia, de lo que es la libertad, que nadie se imagina... como ese pueblo... Apenas se puede luchar porque no se sabe qué hacer ante esa situación. Pero poquito a poco nosotros fuimos reorganizándonos, fuimos luchando pacíficamente, tanto fue así, que el Gobierno se enfureció tanto que le inventó una causa al esposo mío, padre de mis hijas, Rafael Ibarra Roque, y lo condenó a 20 años de prisión. Lo acusaron de un supuesto delito de sabotaje, de que él había hecho daño a una estación militar, bueno, aquello fue una cosa horrible, espantosa. El Gobierno empezó a crearle una campaña de que él había violado a una niña... Bueno, cosas horribles... lo hacía para que nadie nos apoyara. Para que todo el mundo tuviera miedo de lo que nosotros estábamos pasando y nadie quisiera pasar por eso, por esa situación. Que nadie nos ayudara, que nadie nos escondiera, que nadie nos apoyara de ninguna manera. A cabo del tiempo en que estaban buscando a Rafael Ibarra lo detuvieron y lo condenaron a 20 años.”

  • Full recordings
  • 1

    Miami, Florida, USA, 17.04.2018

    (audio)
    duration: 01:16:13
Full recordings are available only for logged users.

Si Cuba es libre, ya regresaremos a levantar esta sociedad

Maritza  Lugo
Maritza Lugo
photo: Post Bellum

Maritza Lugo nació en 1963 en una familia humilde en La Habana. Durante su juventud tenía conflictos frecuentes con las autoridades, se oponía a la injusticia que había que enfrentar en las instituciones educativas de un país totalitario. Debido a ello, se le impidió continuar con sus estudios en la universidad y tampoco podía practicar sus deportes favoritos. Se casó con el disidente Rafael Ibarra Roque, con quien empezó a involucrarse en las actividades de la oposición cubana, y en reportar las violaciones de Derechos Humanos en Cuba. Después del encarcelamiento de su esposo, se convirtió en la líder del Partido Democrático 30 de Noviembre. Estuvo bajo la vigilancia permanente de los órganos de la Seguridad del Estado a causa de sus actividades, que se centraban sobre todo en la promoción de los ideales de la libertad y democracia, y en el apoyo a los presos políticos. Acusada de los delitos de peligrosidad y de sobornar a un guardia, fue condenada a cinco años de prisión. Una parte de la condena la cumplió en su casa gracias a la presión internacional. Sufrió violaciones de sus derechos y se convirtió en uno de los presos plantados. Para protestar contra las prácticas de las autoridades luchó con huelgas de hambre. Durante su encarcelamiento fue testigo de maltrato a presas. Salió de la prisión en 1999. Se exilió a Estados Unidos en 2002, donde colaboró con la organización Los Plantados de Ángel de Fana.